jueves, 1 de marzo de 2012

Japón: Milagro económico


Situación de posguerra

Durante el período de 1945 a finales de 1946, en Japón las actividades comerciales fueron escasas y sostenidas por la ayuda estadounidense después de la rendición tras la segunda guerra mundial. EEUU controlaba las exportaciones e importaciones de todos los productos, el tipo de cambio y las transacciones financieras de Japón. En un primer momento, la ayuda estuvo destinada a lograr la autosuficiencia nacional, tomar medidas para poner fin a la inflación (el plan Dodge 1949), sumadas a inyecciones sustanciosas de capital y tecnología avanzada. A partir de 1947 sin embargo, los Estados Unidos moderaron este control y fue reanudada una parte del comercio en el ámbito privado.

Entrando al año 1950, Japón pasará por un tiempo de bonanza por demandas especiales por la  Guerra de Corea lo que provocó un incremento del comercio, mejorando el balance comercial. Con esto y la ayuda de EEUU, se habían echado los cimientos sobre los que se erigiría el espléndido edificio del desarrollo económico japonés. A ello contribuyeron varios factores además de una consistente política de apoyo oficial. La economía mundial había entrado en un período de expansión, la industria japonesa disfrutaba de buenas relaciones laborales, esto facilitó el desplazamiento de mano de obra a las industrias y a los empleos de productividad superior, que habían de ser la clave del subsiguiente desarrollo. Otros factores fueron la transferencia tecnológica de EE.UU. a Japón, los cambios sociales como la reforma agraria y el desarrollo de los sindicatos, que contribuyeron a la mejora de la distribución de la ganancia y a una expansión del mercado interno. Con estos estímulos la industria japonesa primero se recuperó y luego se expandió.

Finalmente, la afiliación al GATT en 1955 representó para Japón poner rumbo a la liberalización del comercio. Así, la tasa media de crecimiento del PIB per cápita japonés entre 1955 y 1973 resultará espectacular (8 %) y no será superada por ninguna otra economía.


Hacia la completa liberalización del comercio

En ese entonces, Japón tenía un déficit comercial fuerte con los Estados Unidos, por eso la falta de dólares era un factor fundamental que restringía el crecimiento económico del país. Se aplicó en esa época la política de fomentar intencionalmente la exportación y al mismo tiempo inhibir, en la medida de lo posible, la importación para lograr el desarrollo independiente de la economía japonesa.

En 1955 Japón se afilió oficialmente al GATT y esto permitió regularizar el comercio con Europa occidental y otros países, concretando la reintegración del Japón a la comunidad internacional dentro del mundo del liberalismo. Sin embargo, en un inicio 14 países firmantes entre los que había Inglaterra, Francia y la India entre otros, al sentirse amenazados por la entrada de productos fabricados con mano de obra competitiva del Japón, aplicaron la cláusula trigésima quinta del GATT, rechazando sostener relación alguna con Japón. En consecuencia, a pesar de que Japón fue miembro del GATT, hasta el año 1960 aproximadamente los principales países que aplicaron los acuerdos de reciprocidad consistentes en “el trato de la nación más favorecida” a Japón fueron únicamente los Estados Unidos, Canadá, Alemania occidental, Italia y los países de Europa septentrional.

A pesar de su afiliación al GATT, Japón continuaba restringiendo el volumen de importaciones. Sin embargo, los países empezaron a exigir a Japón la liberalización del comercio en la Asamblea general de GATT celebrada en otoño de 1959 y en respuesta a ello, Japón proclamó la “Carta de la liberalización de comercio y de cambio” en 1960, a través de la cual buscaba elevar al 90% el índice de liberalización en un lapso de 3 años. En Agosto alcanzó el objetivo, y un año mas tarde se afilió a la OCDE. La directriz fundamental de la política económica en ese entonces, consistió en dos puntos: uno, promover la exportación e inhibir las demandas de importación en la medida de lo posible y dos, desarrollar la industria moderna de manufactura en Japón.

En los años 60, se desarrollaron sobretodo productos que necesitaban de tecnología avanzada y de fuertes inversiones de capital: industrias como el acero y la petroquímica, la producción de artículos de consumo, cámaras fotográficas, televisores, motocicletas y al final también, automóviles. Japón se estaba convirtiendo en uno de los mayores productores del mundo de barcos, cámaras, televisores y automóviles. En 1970, algo más del 30% de las exportaciones iban a EE.UU, alrededor del 15% a Europa occidental y más del 15% al sudeste asiático, donde los principales compradores eran Hong Kong, Tailandia, Filipinas y Singapur.

A fines de 1973 comienza el período de la crisis del petróleo. Ésta generó en la economía mundial cambios que pusieron fin a la fase japonesa de un crecimiento económico excepcionalmente rápido. Como país que dependía del petróleo, Japón sufrió un enorme aumento en sus facturas de importaciones y una subida general de los precios. La subida de los precios del petróleo tuvo su mayor impacto en los mayores usuarios de energía, como la industria del acero y la petroquímica. Por otro lado, la recesión mundial provocó una caída en la demanda exterior de productos, como barcos, maquinarias y herramientas. Al sobrevenir estos cambios, se decidió dar una nueva orientación a la industria: alejarse de las que tenían fuerte dependencia de las materias primas importadas y acercarse, sobre todo mediante innovaciones tecnológicas, a las que reflejaban valores más altos y nuevos. En ésta categoría se incluía la industria automovilística, en 1980 Japón producía más coches que EE.UU. A su vez, la industria informática cobró un gran auge.

El cambio de relación entre importaciones y exportaciones había puesto la balanza comercial japonesa con un saldo positivo durante veinte años. Esto permitía salidas sustanciales de capital a largo plazo, que al cabo de algunos años convirtieron a Japón en uno de los principales países acreedores del mundo. A fines de 1987 las inversiones directas japonesas en el extranjero habían alcanzado los veintitrés billones de dólares. EE.UU, era el país donde se destinaba la mayor parte de las inversiones, en él se encontraban seiscientas fábricas japonesas, un centenar aproximadamente de las cuales eran de electrónica, automóviles o de otro tipo de maquinarias.

Hacia 1990 se habían hecho ya avances significativos en la senda del desarrollo económico en algunas partes de Asia. Sobre todo en dos emplazamientos un tanto especiales, como Hong-Kong y Singapur, pero también, aunque en menor medida, en Taiwán y Corea del Sur. No obstante, Japón volvía a representar, como ya lo hiciera a finales del siglo XIX, una excepción destacada en un panorama internacional en el que el “éxito” histórico de las sociedades humanas se asociaba casi en exclusiva con el Occidente capitalista.

Este “milagro” situó, en 1990, a la economía japonesa en la segunda posición internacional con casi el 9 % del PIB mundial, por detrás sólo de EE.UU. Sus más de 120 millones de habitantes disfrutaban de un PIB per cápita muy alto: casi 19.000 dólares internacionales. Un nivel tal sólo era algo inferior al de un reducidísimo número de países occidentales que, a diferencia de Japón, llevaban largo tiempo perteneciendo al “club de los ricos”. La sociedad japonesa se situaba también a la cabeza de la clasificación mundial de Desarrollo Humano.


Bibliografía:

-Beashley, W.G., “Historia contemporánea de Japón”. Alianza , Madrid, 1995.
-Takahashi, Kohachiro, “Del Feudalismo al Capitalismo.”. Crítica, Barcelona, 1986.


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